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viernes, 26 de octubre de 2012

Reposo

Una buena historia necesita de un período de reposo antes de que vea la luz. Se debe desconectar de ella por completo, quitarte de la cabeza los nombres, lugares y conflictos, tratando de evitar hablar de ella ni buscarle defectos o virtudes con ansiedad.

Es la receta en la que creo y la que aplico a mis novelas.

La falta de memoria en mí facilita la tarea. Tanto es así que, cuando el próximo 1 de noviembre tome la historia para merendármela en el puente festivo que se avecina, seguro que acabo por sorprenderme con alguna de las escenas o de emocionarme con alguno de los diálogos.

Es el momento de sacar la tijera y recortar todo lo superfluo, como una pieza de aluminio sacada de la fundición, ya fría. Hay que arrancar los restos de rebaba metálica que afean, distraen y pueden producir algún corte en quien la manipula.



Ya está entregada a un par de premios, la suerte está echada, y habrá que ir preparando nuevos ejemplares para otros que se acercan. Pronto registraré la historia y el nombre, tendré la portada y la revisión definitiva. Es entonces cuando comenzaré a preparar el dossier con el que comenzar a comercializar la novela a editores y agentes literarios.

Siempre que termino una novela me preguntan, ¿cuándo la presentas?, cuando en el fondo ese final no es más que el principio de una larga travesía. La pregunta más acertada sería: ¿la publicarán?

domingo, 30 de septiembre de 2012

Revisiones

Han sido dos personas muy cercanas quienes me han dado ya la primera opinión de la historia.

Las condiciones del juego eran claras: tenían que olvidarse de mí, penetrar con objetividad en la novela y transmitirme sus emociones.

No quería que se centrasen en cuestiones gramaticales u ortográficas que les distrajesen de aquello que yo necesitaba de ellos, que no era otro que oír el relato de sus bocas para saber hasta qué punto la han sentido, cómo han recibido cada personaje, con qué lo identifican, cuál es para ellos el principal conflicto de la trama y, a fin de cuentas, qué piensan que yo he querido contar.

El ejercicio es tan interesante que incluso he llegado a cambiar el nombre de uno de los personajes, Sara:

-Si cierro los ojos y pienso en una mujer así, me salta el nombre de Pilar -me decía Fran.

Es cierto, cuando tienes la posibilidad de construir tu universo de ficción hasta los nombres son importantes, porque hay un cierto acervo en nuestro mundo personal que nos hace identificarlos con edades, formas de ser y situaciones familiares.

Conforme lo iban leyendo cada uno tenía un temor diferente. Uno, que el cierre fuera demasiado rígido. Otro, Santi, que fuese demasiado abierto.

Una muestra de dos que sirve para confirmar lo compleja que es la literatura, los proyectos en general. Dar satisfacción, por tanto, al lector es complicado por lo que la mejor opción es buscar la satisfacción personal. Es más, conforme iban leyendo la historia aún no tenía decidido el final. Afortunadamente cada uno tiraba de un extremo de la cuerda, lo que me ayudó a mantenerme en mis trece.

A Santi le sorprenden determinadas escenas que, reflexionándolas, no tenía claro explicar por qué las situé ahí. El hecho de que me interrogara acerca de ellas me ha forzado a encontrar una respuestas que me satisfacen.

El otro día vi una película lenta y fascinante de Sofía Coppola, como todas las suyas que he podido ver, Somewhere. En un momento del film, el protagonista contrata a dos prostitutas gemelas para que le monten un show en su habitación de hotel. Mientras ellas bailan, él se queda dormido. Y la historia continúa.



No era necesario en la trama, pero reflejaba mejor que ninguna conversación el hastío emocional de un actor de éxito forrado de dinero que no sabe qué hacer con su vida para darle satisfacción.

De ese tipo de momentos me gusta surtir, con mesura, mis novelas. Gracias a las preguntas de Santi comienzo a comprender por qué.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Ajustes

En el momento de cerrar una novela se abren las puertas a un trabajo menos creativo, más doloroso, aunque excitante en cualquier caso, sobre todo cuando para componer esa obra uno ha pasado varios años de su vida.

Para mí se trata de verlo, del mismo modo que tantas otras tareas en las que me involucro, como un juego. Divertido, incluso.

Los primeros capítulos están más perfilados por haberles dado vueltas en varias ocasiones desde que comienzas la historia, en cambio los últimos están aún en carne viva, con múltiples desajustes y mucha pasión, la propia de los instantes en que estás cerrando el círculo. Es por ello que es importante mezclar las dos visiones a la hora de corregir.



Cuando se termina de componer una novela hay que emplearse de forma brutal y sin descanso a ajustarla, corregirla y afinarla de una sola vez.

Es el momento de tener una visión única del conjunto, cuando descubres incoherencias que te hacen subir el pulso o helar la espalda. En cierta forma tus personajes del principio son distintos de los del final, aunque tengan el mismo nombre.

En el caso de esta novela recién terminada, es poco menos de un mes el período de tiempo en el que transcurre, pero la he escrito en tres años. Cuando llegaba al punto final mis protagonistas ya formaban parte de mí, en tanto que al principio estaban mucho más borrosos, sus comportamientos eran más inestables e imprevisibles por lo que toca, en este período de corrección final, dar las pinceladas precisas que delimiten las líneas que definan con precisión esos caracteres de los personajes en sus inicios, cuando los conflictos estaban por venir y ellos apenas se estaban presentando al lector.

Los conozco mejor físicamente, sé cómo hablan, a qué cosas tienen miedo y cuáles son sus manías. Al principio no lo sabía.

En esta ocasión estoy disfrutando especialmente porque he decidido corregir de inicio a fin y de fin a inicio, compaginando el pasado con el futuro.

Mi falta de memoria hace que haya repetido escenas que creía haber escrito sólo una vez, o que me contradiga en las expresiones particulares de cada uno de ellos, lo que hace perder credibilidad al texto aunque estos errores sean accesorios y no toquen el centro de la trama.

Hay que corregir sin benevolencia, con espíritu crítico y sin miedo a borrar. Cada día se va guardando una copia haciendo referencia al día de corrección por si, en algún momento de pánico o lucidez, se quiere volver atrás.

Pablo fue perdiendo rigidez, Leo se fue haciendo menos inocente, Virginia ganó en capacidad de reírse de ella misma y Carmela se transformó en la mujer serena que no conseguí construir en las primeras páginas. 

Ahora, ya desde el principio, todos comienzan a coger su verdadero color, estable, uniforme, coherente para con el lector.

lunes, 30 de julio de 2012

Otra mirada

Desde mi primera novela, Tres, nunca publicada, hasta la última, No te supe perder, siempre he abusado de mis amistades y conocidos cuando llegaba la fase final del relato.

En esto, como en todo lo referente a la literatura, no hay norma.

Ayer estuve cenando con José Luis Rodríguez del Corral, último ganador del Café Gijón con su demoledor a la vez que exquisito Blues de Trafalgar, y hablaba de su negativa absoluta a compartir nada antes de la entrega al editor.

Yo, en cambio, necesito tener otra mirada para dar por cerrada una novela. Debe ser gente de mi máxima confianza, lo que implica la confianza en sí en lo personal y la certeza de que va a ser honesto, leal y constructivo en el retorno que me dará de su percepción de la historia.

En esta que me traigo entre manos ha sido Santi Moliní, amigo y escritor, quien ha recibido el manuscrito cuando éste estaba suficientemente maduro y tan sólo quedaba un tercio de la historia por contar.

La cerveza que compartimos días después es una de las mejor aprovechadas en todas las fases de este proyecto. Viene de vuelta, como un vendaval, el relato al que tú has dado vida, rebotado hacia ti, contado por otro, interpretado con distinta sensibilidad. Ya no es sólo la corrección de frases, expresiones o ciertas estructuras, sino el mensaje que él ha recibido lo que me interesa.

Me habló de la profusión de personajes al principio, lo que me ha servido para reducir al mínimo los nombres de los primeros capítulos que hacían referencia a aquéllos que no iban a ser determinantes a lo largo de la novela. Me confesó los momentos de clímax que percibió y dónde temió que la novela podría desbordarse, lo que me hizo revisar un capítulo crítico en la llegada de Leo y Pablo a París. Me hizo reflexionar sobre el ritmo dado a la narración cuando ésta acompaña a Virginia, en cuanto a que no perfilaba bien las características de esta sevillana emigrada a Francia y embarcada en una vida de lujos rota de cuajo por la muerte de su marido; ya tengo varios post-its con anotaciones para reforzar la definición de esta mujer como protagonista.

Ahora toca entregárselo a Mariángeles, mi onubense favorita, devoradora de libros, culta, vividora y apasionada amiga y lectora. Con ella la novela está mucho más avanzada, se han incorporado las sugerencias que he visto aplicables venidas de Santi. Vendrán otras cervezas, otro retorno de sensaciones y, de nuevo, la capacidad para recibir las críticas con apertura de miras.

Creer en la perfección de lo escrito es la mejor forma de no progresar.



miércoles, 18 de julio de 2012

El detalle

Como bien decía John Irving en su magnífica 'Una mujer difícil', la clave de una buena novela está en la gestión del detalle.

No es lo mismo decir que el protagonista visitó un bar, que decir en qué bar está, ni explicar que tenía una oficina en el centro, sino a qué se dedicaba concretamente ese negocio, ni que su madre tenía una enfermedad, sino contar de qué padecía su madre, ni mostrar que usaba gafas de sol, sino la forma y la marca de las gafas.

El detalle da credibilidad, es un arma infalible para provocar que el espejismo de la ficción se vuelva real en la cabeza de quien lo lee.

Es por todo ello que, desde un principio, quise explicar en mi futura novela el estudio de arquitectura de Leo desde dentro, presentando problemáticas laborales definidas a partir de préstamos concretos, ¡que premonición supuso hacerlo con CajaMadrid!, para un trabajo específico en un palacete inexistente de la ciudad de Dos Hermanas.

Porque el detalle no tiene por qué ser real.

Aún mucha gente me pregunta si sigue existiendo el bar Doncella, que aparecía en mi novela anterior. Era un lugar ficticio, pero era importante que el lector lo identificara rápidamente para recrear, en el mundo paralelo que uno construye en su cabeza, los escenarios precisos.

En esta historia que me traigo entre manos hay direcciones, librerías, canciones, libros, calles y paisajes muy concretos. Existentes e inventados.

No es igual decir 'A Virginia la embadurnó de crema solar' que 'a Virginia la embadurnó de nivea'.



Ahora, además, el escritor tiene ventajas de las que no disfrutaba ni siquiera Irving en la época de su mujer difícil, porque mientras escribimos o transcribimos lo escrito en el ordenador podemos tener una ventana con el google maps abierto, otra con wikipedia, una más con páginas de vinos, haciendo sonar el spotify para introducir canciones que luego 'sonarán' en la novela en momentos singulares de tensión o relax.

El detalle, además, se puede potenciar o matizar con la segunda, tercera o decimoséptima relectura del libro.

Hay veces que recuerdas una ciudad por un graffiti, la casa de un amigo por un sofá o la cara de un compañero de trabajo por una verruga en medio de la nariz.

Igualmente hay detalles que hacen al lector recordar para siempre una novela. El detalle es lo de menos, pero sirve de catalizador para atraparte.

lunes, 9 de julio de 2012

Historia de una novela

Es ésta una novela que comencé a escribir en otoño del 2009. Ahora que entra en su recta final, quiero compartir con vosotros todo el proceso de construcción transcurrido hasta ahora así como todo lo que queda por llegar, desde la finalización de la historia a la decisión final sobre el título, las correcciones, el movimiento editorial, los concursos, la distribución (si se publica), las reseñas, los aprendizajes, las decepciones.