Mostrando entradas con la etiqueta No te supe perder. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta No te supe perder. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de julio de 2014

Constancia

Cuando hace varios años tuve la fortuna, en un mismo mes, de recibir una propuesta de edición de mi novela y, en paralelo, quedar finalista de un premio internacional, pensé que al fin mi humilde carrera de escritor tomaba el impulso definitivo, algo que creí confirmar con las ventas de ese libro y, sobre todo, con las reseñas que fueron publicándose en distintos medios.

De hecho, al embarcarme en el proceso de promoción de No te supe perder, ya tenía muy avanzada por entonces mi siguiente historia. Nunca dejo de lado esa pasión visceral por sentarme frente al papel en blanco, donde estructuro conflictos humanos de personajes ficticios que se van enredando en mi cabeza; un ejercicio, doloroso y divertido por igual, al que dedico horas recolectadas de entre los huecos de una vida intensa, fundamentalmente feliz y completa.

Pero no. No todo viene rodado. La novela publicada me llevó a enredarme en un largometraje interminable que me persigue como una maldición; agujero negro en el que caí convencido de su viabilidad sin haber sabido calcular quiénes estaban junto a mí en ese proyecto ni su grado de credibilidad. Lucha que no terminará hasta que no salde mis compromisos con todos aquéllos que creyeron en mí y se pusieron en mis manos.

En todo este período he continuado escribiendo, con disciplina prusiana, hasta dar por terminadas dos novelas que confío en que me harán crecer como narrador.



Sin embargo los envíos de manuscritos a premios, agentes literarios y editoriales se han ido sucediendo estos años sin éxito, tras confirmar que mi anterior editor había puesto punto final a la publicación de novelas de ficción. En este tiempo he rechazado cantos de sirena de todo tipo que me invitaban a entregar mi trabajo de años a iniciativas de bajo nivel o a encantadores de serpientes.

Soy consciente de la crisis del mundo de la edición, que en estos años duros ha reducido a la mitad su cifra de negocios; sé que hay muchos escritores a cuyo nivel nunca llegaré que no consiguen sacar sus grandes novelas al mercado.

La fortuna es que yo confío en mí, y esa creencia en mi capacidad para contar historias me lleva a luchar cada día, a diseñar nuevas estrategias, a intentar nuevos caminos y a compartir con pasión mi amor por la literatura.

Afortunadamente alguien, de nuevo, creyó en mí, y hoy he firmado un contrato impecable con una gran editorial.

No defraudaré su confianza.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Premios

Mañana enviaré por correo los tres primeros ejemplares de mi recién terminada novela al XVII Premio de Novela 'Vargas Llosa'. A la vista tengo otros premios y un listado de editoriales.

El momento de empaquetar tu primer manuscrito para lanzarlo a la aventura de un concurso literario es ilusionante, a pesar de que sabes que compites con cientos, a veces miles, de novelas que harán al jurado dudar y tomar decisiones siempre necesariamente injustas desde el momento en que se frustran las expectativas de autores con historias de gran calidad.

Considero, sin embargo, que el trance de enviar tus historias a concursos es un hecho limpio, humilde y que te pone a prueba como escritor.



La satisfacción de ganar o ser finalista es tan inmensa que merece la pena el desengaño de las múltiples derrotas anteriores. Ser mencionado en un concurso implica ser reconocido como autor anónimo, sin que influyan otros condicionantes que no sean el de la calidad literaria de tu obra.

Quedar finalista del XIX Premio Internacional de Novela Luis Berenguer supuso para mí, quizás, el tomar definitivamente en serio mi faceta de escritor. No recuerdo emoción instantánea más explosiva que esa llamada desde el Jurado para comunicarme que había traspasado la frontera de los que son seleccionados como elegidos.

Sé que hay corruptelas, intereses creados, contactos previos, presiones sutiles... pero sigo creyendo en la nobleza de estos concursos literarios que realmente buscan novelas que aporten algo, que emocionen y diviertan.

Cuando, meses después de quedar finalista y no ganar con mi No te supe perder, conseguí contactar con uno de los miembros del Jurado en la firma de uno de sus libros, éste me vino a decir que mi novela era demasiado triste para ser comercial.

Afortunadamente, se equivocó. Funcionó muy bien a pesar de la crudeza de la historia que contaba.

Aún así, me influyó mucho esa confesión, justo cuando estaba comenzando a escribir esta novela que hoy empaqueto para lanzarla al espacio agresivo, emotivo y desasosegante de los premios literarios.

Hay que ser paciente y creer en la propia fortaleza. En nada está aquí noviembre, cuando el fallo del jurado se hará público. Para entonces, si no recibo ninguna llamada de felicitación, ya habré puesto suficientes huevos en la cesta (premios, editoriales, agentes literarios...) que me tendrán a la expectativa de alguna alegría.

Lo normal es que no llegue nunca esa llamada, pero si no se intenta seguro que el teléfono nunca sonará.