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jueves, 9 de agosto de 2012

A, B, C, D...

No hace mucho asistí a la conferencia de una escritora que estaba construyendo su futura novela, hoy publicada. En esa charla explicaba cómo se había documentado, todas las ciudades de Europa que había visitado y todos los detalles de la indumentaria de la época, las tradiciones y las noticias que había ido recopilando.

Cuando me permití preguntarle si antes de todo ese trabajo sabía de qué iba a ir la trama de la novela, ella me respondió que no.

Es una muestra más de que no hay un libro de instrucciones a la hora de elaborar una historia de ficción.

En mi caso, el método es absolutamente opuesto. Debo tener el relato en la cabeza, saber qué conflictos fundamentales se plantean, de qué quiero hablar, antes de entrar en los aspectos formales, considerando como tal los escenarios, épocas y detalles históricos.



Fran, que es la segunda persona que está leyendo el manuscrito, ya me recuerda cómo hace más de tres años yo lo explicaba lo que yo quería contar utilizando las letras del abecedario para enumerar a los personajes:

A está casada con B. Lo quiere tanto y se siente tan incapaz de seguir su ritmo vital, de hacerle feliz en suma, que le prepara un encuentro con C, su gran amor de juventud, sin que ninguno de ellos lo sepa. Sin embargo no cuenta con que C, al encontrar a B, le haga partícipe de un secreto. C acaba de perder a su marido D y le pide ayuda a B para que le ayude a descifrar qué ha pasado, sin contar con que B vaya a encontrarse con el amante de D, al haber refusado la propuesta de C pero haber investigado su pasado. E, amigo íntimo de A, la va teniendo informado al haber compartido mucha vida con D...

Luego vendrán los nombres, los rasgos físicos, las ciudades y los detalles.

Lo importante es que quiero hablar de hasta dónde podemos llegar por amor, incluso a abandonar a la persona amada para proporcionarles una vida mejor.

lunes, 9 de julio de 2012

Idea base

Construir una novela, bajo mi punto de vista, no puede hacerse sin tener claro qué se quiere transmitir. Cimentar una historia en un esqueleto sin alma puede llevar a una gran decepción, no sólo del lector, sino del propio arquitecto de la obra.

Y esta idea-alma se tiene que poder resumir en una frase corta, simple, directa, que oriente como una pantalla luminosa a quien aspira a enfrascarse durante meses en la elaboración de una novela para que, cuando lleguen los desvíos, las tentaciones, los cantos de sirena uno no pierda el norte.

En mi caso, la idea matriz se podría resumir en:

'Hasta dónde puede llegar el amor verdadero'.

Sí, es un luminoso potente, que puede convertirse en perverso, cursi, desgarrador o sublime, pero al menos es el punto de partida y la meta.


Otra cosa es dónde lleguemos y en qué condiciones cuando comencemos a vislumbrar el cierre de la historia.